La Armonía Sexual 
en la Pareja.

He querido dedicar este capítulo en especial a la relación de pareja,  pues en lo personal, después de algunas experiencias que  no siempre fueron del todo perfectas,  ha sido esta clase de relación   para  mí, el origen de todos   mis desequilibrios y frustraciones y a la vez, fuente  de inspiración  para alcanzar  el actual estado de armonía en mi vida. No resulta fácil  integrar  una pareja realmente  feliz,   y  esta dificultad se  deriva principalmente de las tradiciones ya ancestrales que en torno a la relación con elementos del sexo opuesto han  tenido  las diversas  culturas, en especial  las latinas. Aunado esto a la deserción masiva que  se ha tenido  de las organizaciones espirituales causada en algunos casos por motivos de su propia contaminación con intereses personales y políticos, así como su anacronismo e intransigencia, los problemas se agravan.

Así,  por ejemplo,  el machismo logra destruir el respeto fundamental y los gestos de ternura y consideración que se deben  dar a  la pareja. Como resultado de ello, muchos jóvenes y aún otros no tan jóvenes, llegamos al matrimonio  sin la más elemental formación que pueda garantizar   la solidez de nuestra unión y las consecuencias  son deplorables.

No sólo se refleja esta problemática en la gran  cantidad  de  divorcios  que se  ven en la actualidad, o en parejas que dejan de funcionar en los  primeros  años, algunas de las  cuales, se mantienen  en uniones aparentes,  lo que resulta todavía más destructivo   para   todos los involucrados, especialmente los hijos. También vemos efectos  tremendos  que traumatizan  a  la sociedad en los casos de mujeres maltratadas o de adicciones diversas que destruyen toda posibilidad de armonía.   Y  hasta en casos menos graves, podemos observar elevadas proporciones de personas que van por la vida sobrellevando una relación de pareja que  les representa poca o inguna felicidad. La pareja debe reunir ciertos requisitos para tener una función de verdadero apoyo  a sus integrantes: Amor, Voluntad, Comprensión, Armonía.

Amor: Trataremos de definir lo indefinible ya que es el resultado de reunir determinados ingredientes como son, entre otros:

Verdad, Incondicionalidad, Sinceridad, Compromiso, Fidelidad, Pasión, Libertad, y la búsqueda auténtica del bienestar de la otra persona como factores indispensables.

Verdad; en una relación de auténtico amor no caben las mentiras ni los ocultamientos o verdades a medias.

Incondicionalidad; representa aceptar a nuestra  pareja  en forma total  y   sin condición  alguna,  lo que nos gusta y  lo que no,  admitiendo que nosotros también tenemos  características de imperfección.

Sinceridad; va de la mano con la verdad, representa   nuestro   deseo serio y formal de establecer una relación para toda la vida.

Compromiso; implica estar conscientes de que la otra persona nos está dedicando su vida y merece ser respetada para siempre (si resulta posible).

Fidelidad; sin ella el amor se convierte en un auténtico sufrimiento,  ya que  los celos consumen al que es infiel, más que a su pareja, alcanzando una vida miserable.

Pasión;    entrega  sin  reservas,   total dedicación a un objetivo único: Dar Libertad; ambos integrantes deben sentirse tanto o más libres que si estuvieran solos.

Voluntad:  El amor platónico o unilateral, no puede amalgamar a una pareja,  debe existir una voluntad mutua de hacer una vida feliz en común.

Comprensión: Es necesario un equilibrio de objetivos y de niveles de inteligencia para lograr compartir las metas e ideas; aquí la madurez juega un papel importantísimo, conviene establecer  el hecho probado de que la mujer casi siempre alcanza ese  estado con más rapidez que el hombre;  de ahí que generalmente se logra un mejor equilibrio cuando la mujer es de 5 a 10 años menor de edad;  en este aspecto existen algunas, (raras), excepciones.

Armonía:  Deseo fundamental de cooperación en todos los aspectos de la vida con la constante búsqueda de paz y del bienestar. La verdad es que este es  el ingrediente más escaso en las  relaciones espontáneas o de flechazo,   como las llamo yo. Cuidado con esas relaciones románticas pero casi siempre débiles y fugaces que   se inician por enamoramiento inexplicable,   en las que no se establecen características de formalidad, donde la irreflexión acaba por pagarse casi siempre  muy caro ocasionando  en  los  dos participantes un temor y resentimiento  injustificado hacia el amor o  peor aún hacia todos los elementos del sexo opuesto. Abundan esos casos.


 
 




Disfrutar el bienestar de nuestra pareja...

Requisito  básico  para la armonía  es  la vocación de buscar en todo momento y situación  el bienestar de nuestra pareja por encima del nuestro propio; esto resulta muy fácil si, mediante una excelente y franca comunicación, logramos aprender a  disfrutar uno el placer del otro. Esto  se hace particularmente  valioso  en las relaciones sexuales  que  representan   una columna fundamental  en  la armonía  de la pareja.

Para   conseguirlo,    es necesario   que ambos integrantes  de  la pareja conozcan muy bien el funcionamiento fisiológico de los dos y que en los momentos de intimidad establezcan un diálogo muy claro.   Si todas las parejas actuáramos así, hablando  claro, se   reduciría notablemente   el síndrome de la anorgasmia femenina que,  al decir de varios expertos  en la materia,  es una  de  las principales  causas de destrucción de relaciones matrimoniales.

Por definición, la anorgasmia no es otra cosa que la inhibición del funcionamiento pleno de nuestros órganos,   en este caso, de los sexuales. Esta condición, que se da principalmente en la mujer,  impide el disfrute legítimo  de las relaciones,   y   es ocasionada básicamente  por barreras psicológicas  que podemos  derribar  por medio   de   una buena comunicación. Resulta fundamental que la mujer logre alcanzar el orgasmo por  lo menos en la mitad de los casos, de  otra manera, habrá frustración y desencanto. Este mismo sistema   de comunicación abierta, totalmente transparente, puede lograr por sí solo,  resolver situaciones tan difíciles  como las  disparidades normales   que  suceden entre los cónyuges en aspectos tan variados como:   apetito  sexual, necesidad  de dormir,   temperatura  del agua para bañarse, y  requerimientos de: abrigo, demostraciones de afecto, alimentación y varias más.

Las barreras de  las que aquí hablamos son básicamente   culturales.

Ilógicamente  se   ha encasillado  al  sexo como  un tema sucio  y  en ciertos casos hasta prohibido; siendo, como lo es, una de las funciones naturales más bellas e importantes del ser humano. Es importante hablar muy claramente de esto a nuestros hijos  desde  los primeros años de su adolescencia  y seguir haciéndolo en forma continua, no escatimando informaciones ni detalles al respecto; solo así podremos ayudar a romper con este problema.   Con toda seguridad  les haremos sentirse apoyados  y  estaremos reduciendo sus posibilidades de fracasar en la relación de pareja que decidan establecer cuando maduren.

Resulta   realmente   valioso el    buen desarrollo  de una relación sexual placentera, ya que la pareja se va uniendo más y más por medio de ella y además la salud física y la mental se ven muy beneficiadas. En efecto, una gran cantidad de las dolencias que frecuentemente aquejan a  las personas mayores,  comienzan cuando disminuye o cesa la actividad sexual. Si aprendemos a gozar del placer natural  del sexo  y  lo practicamos con toda regularidad, estaremos alejando la llegada de un sinnúmero  de achaques.

Frecuencia sexual ideal...

Una  participante   de una de mis conferencias me preguntó que cuál era la frecuencia ideal en las relaciones sexuales de una pareja, y como la asistencia era de más de cincuenta personas de diversos niveles socio-económicos y edades, podemos calificar de muy representativa, la conclusión a la que llegamos:



Cualquier número entre tres

y treinta veces por semana

es física y mentalmente saludable.

La pareja puede   considerarse   bien consolidada  en  el momento en que descubre que el amor y la armonía no son algo que podamos medir  o contar para dárselo al otro, sino son un estado de total confort en que ambos compartimos  y ayudamos mutuamente  a descubrir más y más  cada vez. Es el resultado de entregarse sin reservas, con una transparencia total, con una verdad plena. Es el premio  por la ruptura con nuestro egoísmo  y los sentimientos o actitudes individualistas del pasado. Es algo inefable pero  que  si  tú  lo llegas a descubrir, lo vivirás con  tu  pareja en total intensidad por el resto  de  tu vida. Lo más interesante  es que  te darás cuenta de  que ese conjunto amor  - armonía, siempre estuvo  a  tu alcance, pero lo buscabas fuera y siempre ha estado dentro de tí.
 

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©Enrique Mora 1999

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